Desde que te has ido todo se ha vuelto negro
y un piano suena de fondo,
no sé quien lo ha puesto;
maldición, ya no sé ni quien era antes de que
estuvieras aquí.
Danzo entre cuatro paredes
esperando a que me liberes,
una ausencia asfixiante
con música en vinilo puesta en repetición.
Voy a extender mis alas
y a volar lejos de esta casa,
voy a imaginar que vuelvo a estar con el corazón
intacto,
que no voy a amar a pedazos.
El estéreo chilla en mis oídos
y no puedo silenciar cada ruido
que brota en mi alma cómo un lejano aullido.
Si fueses una canción te escucharía sin reparos
y sé que mi espíritu se iluminaria cómo nunca lo ha
hecho,
pero todo está en silencio salvo por ese piano