miércoles, 22 de octubre de 2014

Memorias turbulentas.

Ser feliz porque tú lo eres, que estupidez, ¿no crees? Estoy aquí pensando en el frío que paso sin mis madrugadas a tu lado, pero, ¿de que sirve si tu ya eres eso a lo que la gente llama 'pasado'? Yo le daría el nombre de condena porque pesa cómo una cadena atada a tus pies; le daría el nombre de mancha indeleble, un abismo sobre el que no se puede tender ningún puente. Otros brazos hoy te sostienen de la manera en la que yo nunca lo supe hacer. Mi mente sobrevuela aquellas noches en tus dominios, aquellas noches en vela, y no me queda más que pena, rencor y dolor, por tu abandono y su vacío posterior. Dicen que los ojos marrones son comunes pero sé que nunca volveré a ver unos cómo los tuyos unos que conteniesen todo mi mundo. ¿Y tú que piensas? ¿Crees que ya te he olvidado, que no paso las noches despierta? Quiero cerrar nuestra antigua puerta, por la que tu saliste hace mucho. Yo me he quedado en la habitación sentada contemplando nuestros deseos, los planes futuro que hicimos. He tomado otra carretera pero siempre que miro por la ventana creo ver nuestras manos entrelazadas. A veces me recorren remordimientos, no sé si pude luchar más por lo nuestro, pero sí sé que ahora que te has ido no merecías la pena. Es fácil huir cuando llega la tormenta, yo me hubiese quedado a mojarme si era todo por salvarte. A día de hoy me pregunto '¿por qué me dejaste?'. No sé quién dió un paso en falso para llegar a caer tan bajo, pero si sé que tengo que aprender a dejarte ir de mi mente, porque quiero llegar a dormir tranquilamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario