sábado, 15 de noviembre de 2014

El olor de las palabras.

El mundo puede ser una hoja de papel
y yo escribo en su revés,
intentando amarte
cómo en esas novelas que llevas a todas partes.
Tratando de ser tu sujección
cuando te ahogas por falta de amor.
Pasas las páginas de esas rimas de Bécquer
esperando a que alguien te las recite
antes de dormirte.
¿Por qué no puedo ser yo?
Mírame, estoy justo detrás de ti
esperando a que te gires y puedas ver
tu nombre tatuado en mis pupilas.
Soy ese satélite ingrávido que palpita olvidado
al borde de tu universo,
juego a ser tu sombra a contraluz,
juego a perderme entre los tonos de tu cabello
y salir corriendo sin pedirte un beso.
Llego a odiarme
por no escuchar tu risa
flotando en mis tardes,
el olor a jazmín que desprendes al pasar
es un regalo tan bonito
cómo la flor de azahar.
'Estoy bien, no te preocupes.',
le dice mi corazón a mi alma.
'¿Entonces por qué escribes?',
me responde.
Y por primera vez en mucho tiempo
me quedo sin palabras,
maldición para los poetas
que se alimentan de la sintáctica.

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