El mundo puede ser una hoja de papel
y yo escribo en su revés,
intentando amarte
cómo en esas novelas que llevas a todas partes.
Tratando de ser tu sujección
cuando te ahogas por falta de amor.
Pasas las páginas de esas rimas de Bécquer
esperando a que alguien te las recite
antes de dormirte.
¿Por qué no puedo ser yo?
Mírame, estoy justo detrás de ti
esperando a que te gires y puedas ver
tu nombre tatuado en mis pupilas.
Soy ese satélite ingrávido que palpita olvidado
al borde de tu universo,
juego a ser tu sombra a contraluz,
juego a perderme entre los tonos de tu cabello
y salir corriendo sin pedirte un beso.
Llego a odiarme
por no escuchar tu risa
flotando en mis tardes,
el olor a jazmín que desprendes al pasar
es un regalo tan bonito
cómo la flor de azahar.
'Estoy bien, no te preocupes.',
le dice mi corazón a mi alma.
'¿Entonces por qué escribes?',
me responde.
Y por primera vez en mucho tiempo
me quedo sin palabras,
maldición para los poetas
que se alimentan de la sintáctica.
sábado, 15 de noviembre de 2014
El olor de las palabras.
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